miércoles, 12 de octubre de 2011

[Literatura] La Montaña Mágica

Escribiendo: Sick
Escuchando: Django Reindhart - Improvisation On Tchaikovsky's Pathètique



Todos pensábamos que no iba a llegar el día, ¿verdad? Pues nada más lejos, señores. ¡He terminado de leer La Montaña Mágica!

Para quien no lo sepa, este libro lo compré (y lo empecé a leer) en 2º de Bachiller, en un puestecito benéfico de libros de segunda mano que pusieron en el vestíbulo de mi instituto. La mayoría de los libros era más bien malillos (lógico, yo no vendería libros que hubiesen sido significativos para mí), así que me sorprendió encontrarme algunas joyicas. Estaban Moby Dick, una antología de Antonio Machado, alguna cosa de Agatha Christie y La Montaña Mágica. Valían como dos euros, y era un libro que me apetecía investigar desde hacía unos 5 meses, así que lo compré. No os voy a engañar, al igual que El Gran Gastby, lo descubrí en Toko Blues. El Gran Gatsby lo leí antes, y me encantó, aluciné con él.

En realidad no fue del todo así. Unos años antes, lo saqué de la biblioteca y lo empecé a leer, pero me pasó eso de que los personajes te dan un poco de rabia, más o menos como cuando vi por primera vez El club de los poetas muertos, "mírame, soy rico y tengo problemas, mi mayordomo libra los domingos y tengo que hacerme el café yo solo". Así que nada, lo dropeé. Pero años después, cuando leí Tokio Blues, recordé El Gran Gatsby y todo lo bueno que había escuchado sobre él, lo volví a sacar de la biblioteca, y ahí fue cuando lo leí entero y me alucinó. Me dejó un poco la misma sensación que me ha dejado La Montaña Mágica, esa sensación de calidez y de familiaridad con la situación en vez de con los personajes. Cuando recuerdo El Gran Gatsby no recuerdo a Gatsby ni al protagonista, sino las fiestas en casa de Gatsby y la casica pequeña del protagonista, y su vida. Y ahora cuando recuerdo La Montaña Mágica no recuerdo a Hans Castorp ni a Settembrini ni a Joachim, sino el sanatonorio, el pueblo de Davos Dorf, los paisajes alrededor del sanatorio... Tengo las imágenes muy claras en la cabeza.


La Montaña Mágica es un libro de Thomas Mann, un autor que, si no lo conocéis, era alemán, su obra más conocida es La Muerte en Venecia junto a La Montaña Mágica, y ganó el Nobel de Literatura principalmente por su obra Los Buddenbrook (espero haberlo escrito bien). No sé tampoco mucho más de él, salvo que tenía un bigote guay. El protagonista de la obra es Hans Castorp, un joven que acaba de terminar sus estudios de Ingeniería Naval si no me falla la memoria (todo esto es de hace dos años, cuando lo empecé a leer), que va a visitar a su primo Joachim Ziemssen al Sanatorio Berghof, en las montañas de Davos. Joachim está interno por su tuberculosis, pero el protagonista se queda allí tres semanas visitando a su primo. Estando allí, se topa con uno de los médicos, que le ofrece un chequeo médico ya que está allí. El médico le dice que tiene una mancha húmeda en el pulmón, que no es nada grave pero que en la condiciones tan pésimas del "mundo de allá abajo" (como se refieren a lo que hay fuera de la montaña) podría empeorar y desencadenar tuberculosis o neumonía o algo peor; así que le ofrece quedarse unos tres meses en aquellas condiciones de aire puro sin contaminar para eliminarla por completo. Él acepta, claro.


La novela es de ese género que a mí nunca me cesa de sorprender, y al que me introduje ya de manera más dura con Evangelion, que es la Bildungsroman. Hay quien incluye en este género cosas como Harry Potter, y la verdad es que no me parece mal. Bildungsroman en alemán significa más o menos "novela de construcción", o más bien de "crecimiento o aprendizaje". Se caracterizan porque el elemento más sobresaliente de la obra es el crecimiento y el proceso de maduración del personaje principal. Puede tratar de una cosa o de otra, pero lo que está claro es que al principio el protagonista es un joven naïf e infantil, y cuando la novela termina es un tío hecho y derecho, o al menos con una madurez psicológica importante. El tema es la formación gradual, el proceso de cambio psicológico, el aprendizaje sobre la vida y el mundo. Y es muy gradual, muy poco a poco, igual que en la vida. No es como en otras obras en las que muere el mentor del protagonista y en tres páginas o en dos minutos de película pasa de ser un niño desvalido a ser un maestro Jedi (por decir algo, que no estoy hablando de Star Wars ni muchísimo menos, es para que entendáis el concepto).



Uno de los pacientes del sanatorio es Ludovico Settembrini, un italiano humanista y pedagogo que adquiere cierta simpatía por Hans Castorp y se encarga de hablar con él largas horas (y páginas) sobre lo humano y o divino, dándole así una formación intelectual. Hans Castorp sin embargo no es un niño tonto, absorve los conocimientos de Settembrini, pero es crítico con ellos y no acepta todo lo que él le dice. Con el tiempo, Settembrini conoce a Naphta un judío reconvertido (jesuíta) con unas ideas de filósofo bombero. Las charlas entre Settembrini y Naphta las presencia Hans Castorp como quien va al fútbol, incluso alguna conversación tiene en privado con Naphta.


Este libro se diferencia de las Bildungsroman en algo que para mí es esencial y lo hace más realista que cualquier otra. El conocimiento no le hace un hombre satisfecho de sí mismo y en armonía con el mundo, sino todo lo contrario. El conocimiento le trae la desdicha, lo convierte en un desgraciado.


Y otra cosa que es obligatorio mencionar si se habla de La Montaña Mágica es el tiempo. El tiempo puede ser considerado un personaje más de la obra. El mayor esfuerzo que hace el autor es narrar el tiempo. Constantemente hace pausas en la narración para hablar del tiempo, del paso del tiempo y de cómo expresarlo por escrito. Es un tratamiento filosófico sobre la percepción y el paso del tiempo inigualable. Y de verdad que consigue plasmar a la perfección la subjetividad de la percepción del tiempo. Las tres primeras semanas ocupan casi un tercio de la novela, que corresponden al tiempo en que Hans Castorp se está aclimatando, acostumbrando al sanatorio y sus habitantes, a sus costumbres. Sin embargo, cuando se acostumbra a vivir allí, durante un tiempo cae en la desidia y la monotonía, y en muy pocas páginas pasan años. Y en ningún momento tuve sensación de artificialidad, sino todo lo contrario, lo viví igual que el protagonista.

Todo eso hace que el libro sea genial y digno de leer al menos una vez en la vida, ya que de verdad es toda una experiencia.

Pero las conversaciones larguísimas con Settembrini sobre temas muy densos y abstractos hacen que el libro se vuelva muy denso y muy pesado, difícil de leer. Es lo que ha provocado que nunca haya leído más de cincuenta páginas en un día (salvo el pasaje en que el tiempo pasaba tan deprisa, que leí como doscientas en un fin de semana de verano de 2010, que es la fecha en que pone en aNobii que lo empecé), que haya tenido que aparcar el libro durante un par de meses para leer otros libros... Por eso he tardado lo que he tardado en terminarlo de leer.

Aunque en parte he tardado tanto porque las últimas doscientas páginas las cogí con lástima, con miedo a que se me terminara el libro, porque a pesar del reto que me suponía leerlo, me ha acompañado en 2º de bachiller, en el verano más largo de mi vida, en la Selectividad, en mi primer año de independización... En parte me he formado a la vez que Hans Castorp. Pero el final del libro está hecho de una manera muy especial. Quiero decir, cuando me quedaban unas treinta páginas perdí esa sensación. El final te deja una sensación de melancolía, de satisfacción... En realidad no ocurre nada, porque el libro no cuenta un hecho en particular, sino un segmento de la vida de Hans Castorp. Pero aún así es un final... tranquilizador. Y aunque en parte ha sido una odisea leerlo, quizá vuelva a leerlo más adelante. Aunque lo leí así de mal, con tantas pausas, recuerdo cada episodio, recuerdo cada suceso, cada personaje... Es parte de mí, y me temo que siempre lo será.


Eso sí, no sabría si recomendarlo. A cada persona que me pregunte sobre él, lo mandaré a leer esta entrada y que decidan ellos mismos. A mí desde luego me ha calado hondo.

3 comentarios:

  1. Claro que es una novela de crecimiento. Como que la empezaste en preescolar y la has terminado ahora.

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  2. No me extraña que hayas tardado tanto en leerla porque hace un tiempo vi en la FNAC la edición de bolsillo y es un ladrillaco. Nada más verlo me acordé de ti, para que veas xD

    Algún día supongo que me atreveré con él. En la biblioteca a la que voy estoy convencida de que lo tienen.

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  3. @conejito: Por eso me quedo con el culo torcido cuando me acuerdo de que Watanabe se la leyó en una noche en Tokio Blues.

    @B.: La edición que tengo yo, que es de Ave Fénix, tiene casi mil paginacas, con letra pequeña, poco margen... Si alguna vez le echas narices y lo empiezas dímelo. El libro está muy bien, lo denso que sea a veces no le quita lo bueno que es.

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